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Inconsecuente

Publicado en Ideas
9 de junio de 2017
1 min de lectura
Inconsecuente

Una mini-pickup a cinco metros, una curva en una calle empedrada, yo a pie pensando que me darían el paso sin dudar. No hubo frenado de duda, no hubo mirada de “hasta crees”. Con el coche a unos centímetros pude entender, por las abolladuras de la camioneta y la cara del conductor, que aludir a la decencia habría sido inútil.

Se piensa que es de gente “fina” dar el paso. ¿Sí sabes? Dar el paso a los peatones, nunca olvidar la bolsa de las heces al pasear al perro, levantar el meñique cuando bebes vino. “Mi” conductor tenía cero cualidades de estas, y al verlo de cerca me saltaron detalles que no había pensado evaluar. El fenotipo, la extracción social y la apariencia me aparecieron como un botón, y automáticamente detuve el paso.

Quizá ni me vio. O quizá sí y en 0.05 segundos le resulté odioso. O quizá en su colonia no se le da el paso a nadie, porque todos corren cuando caminan. Puede ser que incluso se sorprendiera de que yo caminara tan despacio. Afortunadamente puedo contar que nunca lo sabré. Fue un incidente sin consecuencia, una anécdota sólo contada por culpa de la vocación de indagar. Pero no un evento sin enseñanza, al menos dos: primero, que las discriminaciones odiosas basadas en elementos sociales o raciales son un resabio del instinto de supervivencia. Segundo, que todos somos el idiota de alguien más, y con una perfecta excusa para serlo.


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