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Rutinas

Lo que envuelve al trabajo también envuelve a la vida

El consultorio de mi psicólogo está a dos edificios de unas oficinas de Bancomer donde trabajé hace tiempo. Fueron de los mejores años de mi vida pero a la vez me ponía de malas estar ahí. El edificio y todo lo que significaba eran lo que me ponían mal: llegar, ir a comer de traje y corbata, salir de noche. Inicié soltero, subí en la escala socioeconómica, me casé fulminantemente, encontré un trabajo donde me pagarían mejor y aunque no tenía las prestaciones ni el “potencial de crecimiento”, lo tomé. De niño siempre quise tener una vida feliz, una casa y perros, y el primer paso para lograrlo era tener una vida. Tres años después todo me llevó a empezar como freelance y aunque pasó un tiempo para que me estabilizara, la rutina cambió casi de inmediato.

Tener tiempo para uno implica un grado de disciplina, pero también tres de consciencia, ocho de necesidad y veinticinco de empeño. Mis treintas los pasé trabajando 18 horas diarias distribuidas caóticamente durante el día, de modo que siempre pude tomarme la tarde, tomar un café con una amiga a las 11:00 AM o decidir de último momento ir al cine pero dormía casi siempre a las tres de la mañana, me atrasaba en casi todos los proyectos que tenía y estaba preocupado permanentemente por cómo obtendría el dinero para pagar la vida del mes siguiente, y el siguiente, y el siguiente.

Las cosas han mejorado pero la vida sigue así, diseñada por mí para no tener que llegar todos los días a un mismo lugar a una misma hora. Tener 10 jefes, sí. Días de recorridos por toda la ciudad, sí. Que un día sea la repetición del anterior, nunca.

Lo que envuelve al trabajo también envuelve a la vida. Los espacios vacíos de trabajo se llenan de libre albedrío y de decisiones para tomar en el momento. En particular en mi vida no hay repeticiones, sólo ciclos de dos semanas porque desde el divorcio así están acordados los días en que estoy con mis hijos. Ellos sí tienen días, horarios y calendarios, y quizá ver a su papá improvisarlo todo les hace un poco bien y un poco mal. La paternidad es una Hydra distinta a la de Hércules porque con esta cada que crees que ya te hiciste amigo de una cabeza, sale otra con cara neutra y posibilidad de amenaza.

Pasar mucho tiempo solo le hace cosas a tu mente, dirían los ancianos del pueblo. No hay playlist ni libro que puedan aguantarse más de tres o cuatro horas en un mismo día cuando el reto parece ser encontrar los límites de la voluntad o del aburrimiento, lo que ocurra primero. Es el compromiso, a falta de un verdadero compromiso.

La agenda que se configura a diario y de botepronto es muy retadora y hasta parecería digna de imitación, pero hay un equilibrio entre estructura y desorden, y todo trapecista sabe que tiene que continuar porque no puede quedarse en el mismo punto de la cuerda por mucho tiempo. La mente no se detiene, ¿eso significa avanzar?