Los primeros 20 días

Quise escribir este pequeño recuento antes de que todo se me olvidara. Es una breve historia de 20 grandiosos días. Me dicen los padres experimentados que el tiempo se va volando, que cuando menos los esperas, ya estás tomando la decisión de qué universidad es la ideal. Pero me decían lo mismo del embarazo. Extrapolando, creo que no aplica a mí. Estos 20 días ocupan el 40% de mi memoria a corto plazo.
Intentaré ser breve y no aburrir demasiado al lector ocasional. Pero advierto que el post pinta para ser largo…
Día -1. 12 de octubre, 2005. Desde temprano, Andrea y yo nos vamos al hospital, para intentar la inducción del parto. Andrea tiene ya 41 semanas de embarazo y por consejo del médico, hay que inducir porque no es conveniente que esté mucho más tiempo ahí dentro. Es un proceso largo: la primera pastillita se la aplican a las 10:00 AM, la siguiente revisión será a las 5:00 PM. Mientras tanto, a caminar, y caminar, y caminar, con la esperanza de que Mateo o el útero de Andrea hagan que se dispare todo el proceso.
5:00 PM: Parece que sí se disparó. ¡Ya estamos oficialmente en trabajo de parto! Tres contracciones cada 10 minutos. Muy buenas. El doctor nos manda a relajarnos y esperar. Una noticia parcialmente mala, sin embargo: no hay todavía dilatación y Mateo no se ha encajado. Ni modo.
Día 0. A las 12:30 AM, nueva revisión del doctor y malas noticias: por alguna razón, el trabajo de parto se hizo irregular. Sigue sin haber dilatación. Aparentemente, aplicar una nueva pastilla de Misoprostol o de plano oxitocina no es una buena idea. El tiempo probará que es correcto.
A las 2:00 PM, última revisión del doctor, y lo que temíamos: no hubo señales de inicio de parto, procederá a operar a Andrea. Todo esto nos toma de sorpresa, todas nuestras energías se habían enfocado en ser muy positivos y creer que sí se lograría finalmente tener un parto acuático.
Las cosas suceden muy rápido, no me permiten ver a Andrea sino hasta que ya está en quirófano, y para entonces ya está totalmente sedada, dormida. Me informan que estaba muy nerviosa. De aquí en adelante, asisto al parto de Mateo yo solo, y como ya lo dije en mi post previo, un 50% de mí no estaba consciente.
A las 3:22 PM nació Mateo. Hermoso, enorme. Llorón. Al principio sus gritos todavía están llenos de agüita y no sé si preocuparme. Un minuto después, ya llora normalmente, como recién nacido de película. ¡Qué poco sabía yo que ese mismo llanto era el que llenaría los siguientes meses (¿años?) de mi vida!
Ese mismo día, montones de amigos y parientes visitaron: Gaby y Beto, por supuesto, Mariana, las abuelas, Esteban, Mirén y Javier, Ana, Alberto, Óscar, Eneida,.. muchísima gente todo el día. Mientras tanto, los efectos de la paternidad no se dejan ver aún, puesto que todos cargan y alimentan a Mateo con el mayor gusto, en la noche las enfermeras se lo llevan para relevarnos,.. y está bien, ahora la que tiene que descansar y recuperarse es Andrea. El papá importa también, pero no tanto: él ni acaba de nacer ni de ser operado. Ya sacará energías de algún lugar.
Una anécdota graciosa, ese mismo día: mi mamá se queda en la casa para cuidar a los perros, pero la señora que hace el aseo cerró con candado. Al final tuve que lanzarme a la casa, saltarme desde la casa del vecino, y enmedio de todo esto, me caigo por una ventana y me hago un enorme raspón. Supongo que era necesario que yo también tuviera algún tipo de dolencia física.
Día 1. Otra vez el día transcurre con Mateo en nuestro cuarto, muy tranquilito, comiendo mucho, cargado por más y más visitantes (Daniel, Raúl, Alex y Rafa, etc). Empezamos a conocerlo y a asombrarnos: está realmente bonito. Es decir, parece que no es sólo amor de padre, los amigos y las fotos nos lo confirman. Pero ¿qué es verdad y qué es ficción? ¿Cómo convencer a un padre aturdido por la aparición de un minúsculo ser que, indudablemente, tiene un aire como de familia y que lo mira a uno como diciendo “Cuídame, estoy muy pequeñito”?
Día 2. ¡Nos vamos a casa! Todos los preparativos nos distraen del verdadero sentido de lo que está ocurriendo: salimos dos, regresamos tres. No importa que nos acompañe una sinfónica en el viaje. En el fondo, lo maravillosamente aterrador es que ahora sí, no hay enfermeras que resuelvan las crisis y cuiden a Mateo durante las noches. Mateo es nuestro, como nuestra la responsabilidad. Pocos días después cambiaría un poco mi punto de vista al respecto.
Días 3, 4, 5. La primer noche en la casa, un pequeño desastre, porque mi inexperiencia para cambiar pañales resultó en residuos de caquita (no hallo otra palabra para nombrarla) que se quedaron en alguno de los varios escondrijos posibles. Resultado: una hora de nervios taladrados y llanto. Por fin, la madre experta pero recién operada entró al quite y se solucionó el problema. Padres estresados crían niños estresados. Jamás se me olvidará.
Estos primeros días difíciles en casa transcurren sin mayores contratiempos, por parte de Mateo. Como todavía no le baja la leche a Andrea, estamos alimentándolo exclusivamente con fórmula, y yo subo y bajo las escaleras de la casa unas 2,500 veces. Mateo está un poco estreñido y no sabemos aún si preocuparnos, y en cualquier caso nos aguantamos las ganas de llamar a la pediatra.
El día 3, por cierto, va la novia de Mateo a conocerlo. Sí, ¡Mateo tiene ya novia! Es la hija de unos queridísimos amigos del curso psicoprofiláctico (qué palabra más larga, nunca la había escrito), tiene 3 semanas más de vida que Mateíto y, por lo pronto, se ven como Demi Moore y Ashton Kutcher: ella, ya muy consciente del mundo, con los ojos muy abiertos; él, todavía aclimatándose al planeta Tierra. Fue una sorpresa bien agradable que quedó debidamente documentada en imágenes.
Día 6. ¡Ya le salió leche a Andrea! Justamente un día antes, en la noche, Andrea se lamentaba por la incertidumbre. Ahora sólo hace falta convencer a Mateo de que la tome, porque los primeros días lo intentó y terminó frustrándose. En los primeros intentos de amamantarlo, Mateo rechaza indignado el seno. Es un niño bien decidido y voluntarioso, ya lo vamos conociendo. Nos gusta así.
En otras noticias, Mateo ya está haciendo del baño correctamente. Hasta se me quita el asco del gusto.
Día 7. Una vez más se demuestra que el futuro está a cinco minutos. Mateo, en el enésimo intento, por fin logra tomar leche de Andrea. Es para ella un momento de realización: yo se lo noto en la mirada. Tranquilidad. Las cosas marchan.
Días 8 a 15. La vida de Mateo transcurre en tramos de tres a cuatro horas, entre dormir, comer, hacer sus necesidades, recibir un baño,.. Por cierto, esto último lo hago yo, en la regadera, y lo disfruto tanto que al terminar siempre le digo “¡Gracias, Mateo!”.
Mientras tanto, vamos poco a poco encontrando una rutina: Andrea lo alimenta todo el día con leche materna, pero la despertada que cae a la mitad de la madrugada la resuelvo yo con fórmula. Resulta un éxito porque así Andrea puede dormir casi de corrido unas ocho horas. Ah, y yo sigo sin salir de casa ni usar el auto para nada. Gracias al internet, medio puedo mantenerme en contacto con clientes y compañeros de trabajo, pero la realidad es que invierto el 80% del tiempo de computadora en subir fotos y más fotos.
El día 15 fue sumamente difícil para Mateo, estuvo todo el día despertando intermitentemente, sus papás no sabíamos cómo resolverlo. Finalmente, quedaron algunas conclusiones: este es un niño demasiado ávido de alimento; su necesidad de succionar ocupa casi todo su día; estar sucio realmente le encabrona; todo lo anterior se resuelve eventualmente, con paciencia infinita.
Días 16 a 20. Mateo es todo un vago. A la fecha, ha salido de la casa tres veces en auto, dos en carreola, dos en rebozo. Como es natural, el movimiento de sus medios de transporte le produce sueño y casi no participa del paseo. Pero igual sus padres se sienten felices. Es particularmente bonito sentirse una familia. Suspiro. Snif, como diría ElHuevo.


Hay infinidad de cosas que estoy olvidando escribir. Pero es suficiente con lo que queda platicado, y afortunadamente en La Coctelera no cobran por longitud del post.
Una última aclaración: estos 20 días han sido intensos, los más intensos de mi vida. Y de la de Andrea. Y por supuesto, de la de Mateo. Pero no todos los posts siguientes serán así de descriptivos y largos. Lo prometo. Es que… tan sólo soy un padre primerizo.