A empezar otra vez

Aunque puedes usar tu cumpleaños, tu aniversario de bodas o el desembarco en Normandía como fechas para hacer un Nuevo Inicio y sentarte a escribir propósitos, siempre es lo más natural hacerlo a finales de diciembre, cuando termina el año y el mundo parece desacelerar. Vivas solo o acompañado, feliz o triste, en cámara rápida o con tiempo de sobra, la segunda mitad del último mes del año invita a relajarse, a posponer, a mirarte un poco por encima de ti mismo. Estás en esto de la autocontemplación cuando de pronto te das cuenta de que ya estás en el 2, 3, 7 de enero, la caja de engranajes está apenas en segunda, tu pie en el acelerador pero no avanzas más rápido.

Y mi impresión es que, aunque seas un empresario japonés o un pescador en alta mar, invariablemente tus planes se interrumpieron durante estas últimas dos semanas y te queda el sentimiento de que hay que empezar desde cero. Cosa que es práctica y no a la vez, porque aunque a cualquiera le hace bien relajar un poco la mente y el cuerpo por unos cuantos días, el arranque de enero se alarga hasta febrero y cuando ya te sientes en plena forma, falta una semana para el día de las madres.

De modo que si, como yo, vives siempre conectado a una pista eléctrica de carritos chocones, lo mejor es proceder con cautela estos próximos días de enero, no presionar demasiado a nadie, hablar despacio y en voz baja, porque el letargo es general y es de todos conocido que no se debe despertar a los sonámbulos. Puedes dedicar este tiempo a hacer cosas que siempre deseaste, como aprender un nuevo idioma o a hacer malabares con tres pelotas de tenis. También puedes aprovechar para enviar tarjetas virtuales de felicitación a cincuenta amigos, eligiendo cuidadosamente la que se ajuste a cada quien, o reorganizar las fotos en tu disco duro. Y si eres realmente voluntarioso, puedes terminar los proyectos personales y profesionales que quedaron en el tintero el año que terminó: trabajar mientras los demás languidecen, correr cuando todos están mirándose los zapatos.

O ¡claro! podrías dedicarte a hacer realidad otros propósitos generales, atemporales, más difíciles de cumplir: atender a tu pareja, pasar más tiempo con la familia, comer más sano, leer más y ver menos TV, aprovechar efectivamente el tiempo que pasas en el trabajo, mejorar tu casa, atender mejor a tus amigos, dejar de fumar/tomar, finalmente terminar Cien años de soledad, y hacer ejercicio.

Pero, ¡ay! es más fácil seguir descansando. Un ratito. Una semanita más, ¿sí?