Yo tenía un chorro de voz…

Yo tenía un chorro de voz,
yo era el amo del falsete…
por el canto me di al “cuete”
y por fumar me dio la tos,
y de aquel chorro de voz
sólo me quedó un chisguete

A estas alturas, más de 5,000 días después de cumplir la mayoría de edad, a más de 150 meses de haber salido de la universidad, vuelvo al estado de ánimo del “ahora sí, ya entendí por qué ocurren las cosas, ¡qué poco sabía yo cuando hice X!”, pero me suele ocurrir que X lo hice hace dos meses…

No es nueva esta sensación, pero es un hecho que nunca más que antes en la vida me ha reverberado en la mente la frase “si yo hubiera sabido a los 17 (ó 25 ó 30) años lo que sé ahora,..” Y no sólo se trata de conocimientos. En realidad no tiene nada qué ver con eso. Es, creo, un poco la sensación de buscar el tiempo perdido, o más exactamente, evaluar si fue perdido ese tiempo. La memoria nos traiciona, y puede que incluso esto mismo que estoy hoy escribiendo ya lo haya pensado hace años, pero a menos que hayamos escrito un diario durante los últimos 20 años de la vida, sólo podemos “calificar” a nuestro pasado con los pocos recuerdos notables que tenemos.

Cantaba un titipuchal,
las chamacas me admiraban,
por mis cantos suspiraban
y yo me daba a desear,
pero hoy que quise cantar
los gallos se alborotaban.

Y entre lo que hoy recuerdo hay muchas anécdotas con amigos, varios desaguisados románticos, unas cuantas conquistas espectaculares, pero más que nunca la sensación de que, de haber actuado de modo diferente, mi vida se habría ido por un camino totalmente distinto.
Por ejemplo: cuando estaba iniciando la universidad tuve un aparatoso choque de autos, lo cual provocó una serie de eventos en dominó: reprobé todas las materias que estaba cursando, luego al siguiente semestre intenté compensar el terreno perdido pero sólo logré vaciarme, y en suma tardé por lo menos dos años en recuperarme. Me deprimí por no tener carro, decidí que no podía tener novia si no podía llevarla en transporte propio, y me deprimí al cuadrado por esa misma razón. Pero paradójicamente fue esa época en la que dejé de sentirme como un perdedor, y aunque olvidé un poco los estudios y las cosas “serias”, entré a un grupo de rock, descubrí una vena artística en mí, y la pasé genial. Quién sabe cómo habrían sido las cosas de no haber chocado. Lo que me queda claro es que durante los tres segundos que transcurrieron mientras veía a un camión atravesar lenta e inevitablemente frente a mí, la vida pulsó la perilla de la máquina tragaperras y puso ante mí un racimo de destinos posibles. ¿Gané el jackpot? No lo sé, no lo puedo saber, pero definitivamente pudo haber sido peor.

Yo tenía un chorro de voz
y me daba mi paquete…
me admiró Jorge Negrete,
Pedro Vargas y otros dos,
pero del chorro de voz
sólo me quedó el chisguete.

Y sí, al final te queda la idea de que aquel chorro de voz que tenías lo malgastaste en cosas que no duraron. También te divertiste, por supuesto. Quizás tienes un mejor recuerdo de esas épocas porque te hiciste de fotos u objetos que te ayudan a armar esa visión optimista. O puede ser el caso inverso, en que sientes que todo ese tiempo se esfumó y no te dejó nada bueno. Lo que sé de cierto es que esos recuerdos son parciales, que te estás engañando si tus remembranzas son puramente buenas o malas, que ese tiempo que viviste está lleno de todo lo mismo que está llena tu vida hoy día: rutinas, pláticas que no van a ningún lado, personas que conoces y que no te provocan nada bueno ni malo, deseos de hacer cosas que aún hoy no has hecho, pero también momentos divertidos que horas después ya olvidaste, micro-aprendizajes que te hicieron sentir micro-mejor, canciones que inadvertidamente bailaste, contactos visuales con extraños agradables.
De eso está hecha la vida, y a mi juicio es eso, y no los “grandes éxitos” que quedan registrados en fotos y diplomas enmarcados, lo que vale la pena de vivir.

¡Qué poco sabía yo hace dos semanas, que no sabía esto!

Anteanoche fui a cantar,
festejaba Casimira,
al primer compás de lira
comenzaron a gritar:
–El sombrero y la chamarra
del señor que se retira.

Al que toma y al que canta
se le pudre la garganta
como a mí me dió la tos,
cuando quiero echar falsete
sólo sale un vil chisguete
de aquel gran chorro de voz.

…¿y en qué debería creer esta vez?

Cuando lo único constante es el cambio, cuando te has llevado chascos demasiadas veces,aunque estés dispuesto a creer, a simplemente soltar las riendas y dejar que tu paracaídas sea arrastrado por el viento, no puedes evitar preguntarte:

¿Por qué debería creer esta vez que las cosas serán distintas?
¿Cómo es que vuelvo a esta situación aunque sé qué va a pasar primero, qué va a pasar después y en qué va a terminar?
¿Qué razones me doy? ¿Qué razones me das? ¿Qué ha cambiado, qué sí puede cambiar y qué no?

La gente no cambia, ya me ha tocado constatarlo incluso con gente que pasó por una experiencia cercana a la muerte: unas cuantas semanas, un par de meses después, volvieron a ser los mismos, aunque al principio yo me decía “pues sí, parece que este si cambió en definitiva”. Y como todo padre sabe, la amenaza no cumplida crea un niño malcriado. De modo que un poco por displicencia, un poco por costumbre, estas personas que vieron a los ojos a la muerte eran los mismos pero ahora cómplices de su mala actitud, de su vulnerabilidad no vulnerada.

Entonces, si me aceptas que la gente no cambia, lo que hay que preguntarse es: ¿qué puedo cambiar de la situación? ¿qué pequeños o grandes detalles que sí se pudieran cambiar harían una diferencia? Si no tienes de otra, más vale que encuentres estas razones. Pero si es tu elección, si todavía queda alguna alternativa en tu poder, ¿qué es lo que quieres hacer? ¿quieres pensar “la vida es muy corta para vivir preocupado” o “prefiero pájaro en mano que ciento volando”?

O quizás la pregunta que tú y todos debemos hacernos es, ¿de verdad crees que entiendes lo que hace falta cambiar?

Más sobre el amor y el romanticismo

Clavándome con el tema de un post anterior, encontré una charla en video de la misma Helen Fisher (por cierto, estas charlas en TED son, ¿cómo describirlo? excelentes, asombrosas, divertidas,.. Son charlas sobre temas científicos dadas en directo por quien, literalmente, escribió el libro del tema). Decía de la charla de Helen Fisher. El tema principal es otra vez el amor romántico y temas derivados de ello: las consecuencias de que la población cada vez viva más años, la vuelta de la mujer al trabajo, y sorprendentemente, algunas implicaciones del uso a largo plazo de antidepresivos. Es una plática que toca temas muy mundanos pero con la fría óptica de laboratorio químico o biológico.

Pongo aquí algunas notas que tomé de la plática, junto con mis comentarios, pero de verdad te recomiendo que visites el sitio de TED y veas el video. “No tiene desperdicio”, como dicen en la madre patria.

Sobre el amor romántico

  • El enamoramiento inicia localizando toda nuestra atención en una determinada persona, una que de pronto cobró un “significado especial”.
  • Analizaron las imágenes producidas por cerebros de gente que declaró estar enamorada. Diecisiete eran correspondidos, quince habían sido recién desechados.  Al mirar la foto del ser amado, uno de los centros cerebrales que más se excitaba es el mismo que lo hace con el “rush” de cocaína.

  • La Dra Fisher llegó a la conclusión de que el amor romántico no es un sentimiento, sino un impulso, similar al que ocurre cuando alargamos la mano para tomar un chocolate, o al que experimentamos cuando queremos conseguir algo en particular.
  • La evolución creó tres sistemas cerebrales en el ser humano, a partir de la reproducción:
    1. Amor sexual, una “comezón neuronal” parecida al hambre.
    2. Amor romántico, el de la obsesión, de la focalización
    3. Amor de nexo, el que se siente cuando se han creado lazos. Según Fisher, creado para lograr tolerar a una persona durante al menos el tiempo necesario para criar a los hijos.
  • Estos tres sistemas no siempre van juntos, al contrario, no pueden estar juntos.
  • Por lo mismo, puede ocurrir que sientas un gran nexo con tu pareja y al mismo tiempoestés profundamente enamorado de alguien más, y en paralelo sentir una gran atracción sexual por personas que no son ni la una ni la otra.
  • En corto: podemos amar a más de una persona al mismo tiempo, inclusive es común que en la noche se junten todas, símbolo de nuestra lucha interna por tomar una decisión.

Sobre el papel de la mujer en el trabajo

  • En todos los países del mundo la mujer está aumentando su participación como fuerza de trabajo. En algunos países es un avance lento, en otros rápido, pero en todos es avance (excepto en uno, que no mencionó).
  • Este fenómeno es de hecho un regreso a la situación que existía hace miles de años: la mujer era la responsable de traer entre el 60% y el 80% de la comida a la casa.
  • Las mujeres se enfocan más en algunas profesiones, tales como el periodismo y la escritura: 54% de los autores en USA son mujeres.
  • Los hombres suelen enfocarse más, y de hecho hay más genios hombres que mujeres (pero, dice Helen Fisher con una risita, también hay muchos más idiotas hombres).
  • Quien diga que hombres y mujeres son iguales, nunca tuvo un bebé niño y una bebé niña. Las diferencias son enormes a pesar de lo parecidos que somos.
  • La gente desea casarse con alguien a quien ame: 91% de las mujeres y 86% de los hombres dijo que NO se casarían con alguien que tuviera todas las características que deseaban en alguien del otro sexo pero a quien no amaran.
  • Nunca en la historia de la humanidad las mujeres fueron más interesantes: más capaces, mejor educadas. Si ha habido en el mundo una época buena para casarse, es ésta. (Nota mía: sí, pero… también hay más factores que nunca que fomentan la separación dentro y fuera del matrimonio)

Sobre los antidepresivos

  • Fueron diseñados para usar durante un corto plazo, pero cada vez más gente los usa permanentemente.
  • Aumentan los niveles de serotonina y disminuyen los de dopamina, que está asociada al amor romántico. Matan el impulso sexual, por consiguiente eliminan los orgasmos, con lo que no se produce oxitocina, que está asociada con el amor de nexo a largo plazo.
  • Esto produciría un mundo sin amor, y dice ella, “un mundo sin amor es un mundo mortal”.

Conclusiones

  • Cuando abordas temas nuevos con una persona, o compartes experiencias emocionantes, se elevan los niveles de dopamina y se puede disparar, algo artificialmente, el mecanismo del amor romántico.
  • El ser humano no fue creado para ser feliz, sino para reproducirse.
  • George Bernard Shaw dijo que el enamoramiento se da cuando sobreestimamos las diferencias de una mujer sobre las demás.
  • Cada sistema de los tres mencionados produce químicos para apoyar a los otros dos, sin embargo no suelen coexistir.  Por eso no es tan casual que exista el sexo casual (risas)

En suma, una gran charla que te deja pensando y entendiendo. Y muy útil para dar explicaciones, en casos de emergencia…

Amor, enamoramiento, indiferencia

Helen Fisher, famosa antropóloga, dice:

…los hombres son tan apasionados como lo puedan ser las mujeres, y se enamoran más deprisa (por alguna razón evolutiva, al parecer)
…en los hombres descubrimos más actividad en una región cerebral asociada con los estímulos visuales…
…en las mujeres, en tres áreas asociadas con la memoria y la rememoración.
Yo tengo que decirles que sí, que todo es química…
Cuando estamos locamente enamorados, queremos irnos a la cama con nuestra pareja, pero lo que realmente queremos es que nos llame por teléfono, que nos invite a cenar, y se crea una unión emocional.
El amor y el odio son muy parecidos… y aquello por lo que suspiramos es la indiferencia. Cuando odiamos, concentramos nuestra atención tanto como cuando amamos. Cuando amamos o cuando odiamos, nos obsesiona pensar en ello.

¿Por lo que suspiramos es la indiferencia? Mmhhh… deja pienso qué pienso. Nooo… ¿o sí? ¿O estoy entendiendo mal la frase? Puede ser. O quizás sí: lo que más nos hace suspirar es la indiferencia, no sentirnos amados u odiar a otra persona. Quizás yo lo pondría así: lo que más nos inquieta es la incertidumbre. No saber de cierto es peor que sabernos despreciados o ignorados.

No me queda claro cuál es la razón evolutiva de la que habla; puede que sea una explicación tipo Desmond Morris – El mono desnudo: la naciente sociedad humana requería que la familia se consolidara para que los niños primates-bebés pudieran tener una infancia más larga y por lo tanto más inteligencia; si iba a haber familia, se necesitaba que el macho fuera monógamo, y uno de los ardides de la madre naturaleza para conseguirlo fue crear hombres enamoradizos. Puede sonar a charlatanería, pero tiene su lógica.

Es bonito el amor, cuando no estás intranquilo, cuando no te ocasiona zozobra. Es más: el amor que te produce estas emociones no es amor.

En cambio, es hermoso estar enamorado: piensas en ello, escribes, reflexionas, se te ocurren frases inflamadas, idealizas, sueñas. Te da razones para vivir como ninguna otra cosa en la vida, ni siquiera tener un hijo o ganar la lotería, porque promete felicidad a corto, mediano y largo plazo. Claro que cuando la química empieza a dejar de hacer efecto, la energía inicial se apaga y lo que queda es producto de lo real entre ambos, o la necedad de continuar el sueño.

Dice también Helen Fisher sobre el impulso sexual: “…evolucionó para que saliéramos a buscar a nuestras parejas.” ¿Y cuando ya la encontraste, disminuye? Arghhhh… Y no se detiene ahí: “una de las características principales del amor romántico es el deseo de contacto sexual”. Ah, eso lo explica todo. La odio por tener razón.j