Mis diez películas

Hacer listas “top 10” siempre me ha resultado difícil. Creo que me lo tomo demasiado en serio y nunca termino de estar a gusto con el resultado final. No tengo nada del espíritu de Rob Gordon, protagonista de High Fidelity, que hacía listas de “Top 5” de todo con la mayor facilidad y al botepronto.
Sin embargo, y dado que mi querida amiga Nipona tan amablemente lo pidió, (ah, y no sé si también Lucas lo hizo, indirectamente) ahí va mi lista, en orden cronológico, según fueron apareciendo en mi vida.

(Nota aclaratoria: pongo los títulos de las películas en su idioma original porque en México siempre les ponen nombres absurdos destinados a atraer público, por ejemplo: 9 Songs fue traducida como 9 Orgasmos)

  1. Life of Brian (La vida de Brian). La herejía en su mayor expresión. El humor inglés en su momento cumbre. Trata sobre la vida de Brian, un niño absolutamente común y corriente, de no ser por el hecho de haber nacido el 24 de diciembre del año 0, en Belén, justo en el pesebre contiguo a Jesucristo. Desde los Reyes Magos y de ahí en adelante, Brian es confundido con el mesías, causando situaciones absurdas y muy graciosas. Llena de detalles histéricos (la madre de Brian es interpretada por un hombre; la mayoría de los actores aparecen en cinco o más papeles) y de no poca crítica social, es una obra maestra del Monty Python (John Cleese, Terry Gilliam, Terry Jones, Graham Chapman, Eric Idle, Michael Palin).
  2. Bananas (Robó, huyó y lo atraparon). Tenía que poner alguna de Woody Allen, y esta es la primera que ví, y quizás la que más me hizo reir. En una escena, Allen intenta escapar de cárcel utilizando una pistola hecha con jabón, pero con tan mala suerte que el día que lo intenta, llueve, y conforme va amenazando guardias y pasando obstáculos, la mano se le va llenando de burbujas :-). Humor simple y desencajado. Pero además me enseñó a apreciar los chistes de Woody Allen, y a “comprenderlo” mejor, aún en sus más serias películas. También habrían podido quedar Small time crooks, Interiors, Comedia sexual de una noche de verano, Bullets over Broadway, Mighty Aphrodite, Boris Grushenko (you must be Don Francisco’s sister…)
  3. Apocalypse now. Sin duda la mejor película de guerra, siempre me ha fascinado por la ambientación y la facilidad con la que te “mete” en el enloquecedor ritmo de la guerra. Fue la segunda película en la que ví a Marlon Brando (la primera fue Supermán 🙂 y luego, aunque lo viera en otras en la que aparecía mucho más joven, nunca me pude quitar la imagen de ese gordo maldito, desencantado de la vida.
  4. Jacob’s Ladder (Alucinaciones del pasado). El ambiente enloquecedor de esta película y la acutación de Tim Robbins hacen que pueda verla 10, 15 veces. Una pesadilla que es un sueño de película.
  5. Delicatessen. La película más hermosamente asquerosa que haya visto. Visualmente es un festín, y las anécdotas que suceden alrededor de la idea principal (por ejemplo, el rechinido de las patas de la cama del dueño del edificio, la “vulcanización” de condones) son simplemente inolvidables. Todo ocurre en un mundo post-apocalíptico, en el que escasea la comida, donde por lo tanto cualquier ser vivo es un potencialmente suculento platillo. El director, Jean Pierre Jeunet, después dirigió La ciudad de los niños perdidos (de similar tema pero menos atractiva), Alien:Resurrection (!!) y Amélie, que es también un festín visual, y mucho más digerible (pardon the pun, como dicen por ahí).
  6. Der himmel über Berlin (Las alas del deseo). Mi película favorita de Wim Wenders, brutalmente desvirtuada luego por la horrible City of Angels. La historia está llena de detalles que se quedan para siempre: los ángeles, acompañando a la gente y dándoles soplos de inspiración, escuchando los diálogos internos de la gente (tema retomado en el video Everybody Hurts deR.E.M.), la soledad de quienes se dedican a entretener a los demás, y sobre todo, la pérdida de la eternidad por amor, sea a la humanidad o a un ser en especial. Increíblemente poética. Sales del cine dando de saltos.
  7. La double vie de Véronique (La doble vida de Verónica). Misteriosa historia sobre una mujer que existe en dos lugares y en dos vidas a la vez, bellamente ejecutada por Krzysztof Kieslowski. Es fascinante seguir a las dos Verónicas, cada una en su entorno, cada una tan igual pero tan diferente, influenciada de una manera incomprensible por la otra. Obra maestra. Cómo he deseado yo tener mi döppelganger…
  8. Tous les matins du monde (Todas las mañanas del mundo). Esta película tiene menos diálogos que música, y transcurre de una manera un tanto lenta y aparentemente sin otro objetivo que narrar la vida de un músico del siglo 17. Al menos es lo que sentí cuando la ví, en mis años mozos. Me estaba aburriendo un poco, retorciéndome en el asiento, cuando aproximadamente a la mitad de la película, me cayó la lucidez como un rayo y logré meterme en la experiencia sensorial y no sólo la intelectual. Fue la primera vez que sentí algo así con una película, y desde entonces mis gustos se modificaron radicalmente.
  9. Pulp Fiction. Recuerdo que el día que fui al cine a verla, casi nadie rió. De hecho nuestro grupo éramos los únicos riendo, y mucha gente se salió antes de la mitad de la película. Y sin embargo, hoy en día sería inconcebible que esto ocurriera. Tal es la influencia de esta película sobre el cine actual. Puedo verla 10 veces, y seguiré sorprendiéndome cada vez por la exactitud de los diálogos, la belleza de los cortes de tiempo, la sutileza de las actuaciones, el misterio de los temas inconclusos. Es como una canción perfecta, de esas que no puedes concebir que alguna vez no existieran, aquéllas en que no sabes si primero vino la letra, la melodía, los arreglos, o todo junto, como en un flashazo inspirador.
  10. Finding Nemo. Intentando esconder la verdadera razón por la que escojo esta película, podría decir que los efectos de iluminación y el ambiente del mar son lo más asombroso que he visto en animación digital (incluso mejor que Los Increíbles), que la historia es una perfecta combinación de aventuras, la superación personal a través de la búsqueda del ser amado perdido, y el enfrentamiento con uno mismo. Pero en realidad la escojo porque lloro cada vez que la veo, y siempre en las misma parte, cuando Nemo se entera de que su papá ha estado buscándolo por todo el océano, y comprueba que pudo vencer sus miedos por intentar salvarlo. Gulp. Regreso en un segundo, me enjugo una lágrima y vuelvo enseguida.

Me costó muchísimo trabajo terminar este post, y ahora me quedo con ganas de aumentar la lista a 50. Me quedaron en la mente Trainspotting, Toy Story (gran animación, gran guión), Crash (de Cronenberg), El bebé de Macon (Greenaway), Perros de reserva, The Player (Altman), Memento, Primer, Amores Perros, Roger Rabbit (la ví 10 veces, a los 18 años), Cinema Paradiso, El fabricante de estrellas, Ladrones de bicicletas, Dónde está el piloto, etc, etc. ¡Caray! ¡Ahora me vengo acordando de que me gustaba el cine!

Y ya con ganas de armar pelea, de una vez diré que, aunque Matrix me gusta bastante, no quedó en esta lista por lo pésimas que son sus dos secuelas, fue como conocer a una mujer hermosa pero salir corriendo al oírla hablar.

¿No fue suficiente? Qué tal esto: tampoco quedaron en mi lista ninguna de Star Wars. Me parecen malísimas. Las dos primeras tienen el pretexto de haber sido para niños; las demás fueron un ejercicio de falta de imaginación de parte de George Lucas. De hecho, si alguna vez hago una lista de los 10 personajes que más he odiado en el cine, Jar Jar Binks sería sin duda el número 1.
¿Comentarios? ¿Alguien con ganas de pelea / bronca / jaleo? ¿No? ¿Sí?

Actualización: 

  1. Fight Club (El club de la pelea). Con un sentido del humor bañado en ácido sulfúrico y crítica social suficiente para haber logrado repudio en los Estados Unidos, esta es ciertamente una de mis películas favoritas de todos los tiempos. Todo en ella es perfecto: los escenarios, el lenguaje novedoso (la escena de la explosión del departamento, las etiquetas volantes sobre los muebles de Edward Norton), los dos personajes principales (sí, sé que no son exactamente dos, no quería hacer un spoiler), y toda la serie de locos que los acompañan: Marla Singer, Meat Loaf como el hombre-con-senos-porque-perdió-los-testículos,.. No he leído el libro (escrito por Chuck Palahniuk) pero si es mejor que la película, corro el riesgo de enloquecer. Hay demasiado en esta película como para pasarla por alto (como de hecho hice).

El instante en el que estamos

El viernes Mateo cumplió tres meses. Es un hito en la vida de una persona, cumplir tres enormes meses de vida. Al menos en mi mente, marca el inicio de una serie de cosas que antes no podíamos hacer con él: empezar a dibujar un intento de educación, ponerlo a convivir más con animales (en casa tenemos 4 gatos y 3 perros, así que es todo un issue), cambiarle algunos hábitos de alimentación, juego, y hasta sueño. Ya no es un recién nacido, ya es una personita que hace sentir cada vez más su presencia en la familia, y ahora ya es capaz de expresarse con mucho más éxito que antes.

El viernes que cumplió los tres meses, estuve acordándome de algunas cosas que ocurrieron en sus primeras dos semanas de vida, sobre todo el pánico que yo sentía por lograr ser un padre eficiente, por ser suficientemente bueno, por la duda de si Mateo podría quererme. Nunca sabía interpretar sus llantos y generalmente hacía lo opuesto a como reaccionaría ahora. Cada noche que lograba alimentarlo y dormirlo exitosamente, era un triunfo.
Jaja. En ese momento, esbocé una sonrisa, algo socarrona. “¡Qué inexperto e ingenuo era!”. Y de eso han pasado sólo tres meses.
Pero la displicencia desapareció cuando pensé en el padre que voy a ser dentro de seis meses, y dentro de dos años, y el de aquí a cinco años. Entonces seguramente voy a mirar hacia el pasado, hacia el instante que estamos viviendo actualmente, y también lo miraré con una sonrisa socarrona, congratulándome sobre lo mucho que habré madurado.
Me río del que fuí hace dos meses. Me río por adelantado del que soy ahora. Supongo que es bueno no tomarse a sí mismo demasiado en serio.
Gracias Mateo por provocarme todo esto.

Un deseo navideño para la industria de la música

La industria discográfica ha estado últimamente en los headlines mundiales, en gran parte gracias a Sony y sus políticas absurdas de tratar a sus clientes ya no como ladrones, sino como ratitas a las que se les colocan collares localizadores y les aplican choques eléctricos cuando hacen algo que no deben.
El caso ha recibido muchísima publicidad. Recomiendo estos artículos en BoingBoing,estos de Enrique Dans, y los de Microsiervos. Bueno, hasta yo hice un artículo sobre ello. El último chiste de nuestros dueños disqueros se ha ventilado de nuevomundialmente y esta vez toca a un grupo cuyo éxito y buenas intenciones hacia la justicia mundial es indudable: Coldplay
Enrique Dans sugiere no comprar discos de Coldplay, para hacerlos entender. Incluso sugiere que no compremos ningún disco.
Yo, por mi parte, pienso que quizás Coldplay no tuvo mucho que ver con las draconianas políticas de su nuevo CD. Ah, pero quizás sí podría ejercer presión sobre la disquera para que se haga algo al respecto. Seguramente escucharemos más del asunto en los próximos días. Es lo mínimo que espero de Chris Martin y secuaces.


Visto que este es un problema con mil caras y aún más razones válidas, ayer he tenido un sueño, que consiste en lo siguiente:

 

  • Imagina que toda la música se puede descargar gratis en internet. Es decir,  que se puede hacer, pero imaginemos que ahora se vuelve legal. Todos los artistas deciden publicar sus canciones en sus respectivos sitios, no cobrando ni siquiera el US$0.99 que cobra iTunes. 
  • Además de esto, las disqueras deciden que en efecto, el precio de los CDs es demasiado alto, y bajan el precio de los discos nuevos a US$4 (¡Cuatro dólares!). Los discos de catálogo, no sé, a $2.50.

¡Muy bonito, pero imposible!, me dirás. Y claro, estas dos simples medidas nos beneficiarían a los consumidores. ¿Y las disqueras, qué ganarían? ¿Ganarían algo?
Yo creo que sí. El placer de tener un CD original, bien impreso, con su cajita y su librito, las letras, unas fotos bonitas, información completa sobre productores, músicos, ingenieros de sonido, etc (para los obsesivos), es muy grande. Lo sé porque yo atesoro mis discos originales. Que por cierto, casi nunca reproduzco: de la cajita van directos al iPod, en formato mp3.
Yo compré quizás diez discos originales el año pasado. La mayoría, para regalar. En cambio, bajé unos 100 álbumes. No, creo que más. Probablemente sean unos 500.
De manera que me gasté US$180 en discos. ¿Habría gastado más si costaran menos? ¡Seguro! Habría comprado los discos nuevos de Franz Ferdinand, Interpol, JayZ, The Streets, Belle y Sebastian, Bloc Party, Arctic Monkeys, Bright Eyes, My morning Jacket, Antony and the Johnsons, KD Lang, Fito Páez, Fabiana Cantilo, Futureheads, The killers, Stereophonics, Kasabian, Kaiser Chiefs, Wilco, LCD Soundsystem, Scissor sisters, Morrissey, Sigur Rós,.. y esos son sólo los nuevos.
Si existieran esos mismos discos a US$4, yo fácilmente gastaría US$500 al año. No exagero. Gasto más en cenas fuera de casa…
Mi mente me está haciendo creer que entonces podría ir a la tienda de discos sin miedo, con gusto de ir a gastarme unos cuantos pesos, sin tener que escarbar en el montoncito de saldos.
¿Y qué pasaría con todos aquellos que estarían igual de contentos solamente con la versión mp3 de las canciones? Pues simplemente, estarían contentos. Probablemente pagarían por ir a ver al grupo en vivo, si se diera el caso, o a fuerza de escuchar su música decidirían comprar el siguiente álbum, o de plano no cortarían ni una pequeñísima flor de su tacaño jardín para comprar música. Pero creo que estos personajes, con el estado actual de las cosas, de todos modos están (estamos) haciendo eso mismo.
Es un poco como aplicar la estrategia de las compañías de teléfonos celulares: hacen pequeños descuentos en su servicio para al final, lograr que aumentes un poco el gasto mensual…
En fin. De alguna manera debe poderse encontrar el beneficio de todos, sin tener que recurrir a medidas drásticas ni a vivir en Un Mundo Feliz.
Y como decía el niño de la película Amazing Grace and Chuck: “bueno, pero ¿no sería maravilloso?“¶