¡Feliz segundo cumplemeses!

Hoy Mateo cumple dos meses. ¡Dos meses! No sé en qué piensan los miles de aguafiestas que se dan a la tarea de decirnos a los padres primerizos “disfrútalo, porque crecen rapidísimo y antes de que te des cuenta ya están en la escuela”. ¡La escuela! La veo lejos, lejos. Si los logros de Mateo son, hasta ahora, dejar de hacer bizcos, seguirte con la mirada, y decir “gu“. Ya también entiende tonos de voz y ha dejado ver que es extremadamente sensible: un día que su mamá y yo tuvimos una riña, estuvo todo el día chille y chille, y ayer que Andrea lo mini-reprendió por estar perdiendo el tiempo mientras toma pecho, hizo tremendo berrinche y se negó a seguir comiendo.
Pero ¡uy! todavía falta un poco para que empiece a reconocer su nombre, un poco más para que entienda algunas palabras, otros meses para que intente emitirlas,.. Lejos están todavía los gateos, los primeros pasos, la primer palabra, las carcajadas, las rebeldías, las travesuras… de modo que en verdad no imagino cómo es que alguien podría pensar que este tiempo se va rapidísimo. Supongo que el tiempo me lo explicará.

 

Las tomas de pecho. Es algo digno de comentarse. Esos momentos son un espectáculo. Normalmente hay que ser muy respetuosos con el hambre de Mateo: una pequeña tardanza puede ser castigada con un mar de llanto y gritos desaforados. Pero Andrea tiene la suficiente calma para no desesperar, y dejar que Mateo solito vaya encontrando su camino hacia el pecho. Mateo empieza a olisquearlo, inmediatamente se da cuenta de que está cerca de la ansiada fuente de su alimentación, y se acerca, con los ojos entreabiertos y sin hacer un ataque frontal. En vez de eso, se aproxima lentamente, abre la boquita, se queda a unos 3 ó 4 cm del pezón, empieza a describir pequeños círculos con la cabeza, cachondeando el momento. Le habla, lo regaña si es que se tardó en ser desenfundado. De pronto, y como no controla perfectamente sus movimientos, uno de ellos hace que roce el pezón: Mateo sigue en su danza pero ahora más cerca, disfrutando el momento y dejándolo simplemente ocurrir, sin prisas. Han pasado ya unos 45 segundos desde que empezó a acercarse al pecho, y sólo entonces es que da la acometida final, abarcando firmemente el pezón con la boca completamente abierta y los cachetes listos para succionar. Cuando esto ocurre deja salir unos suspiritos que hacen que los calcetines o las medias, dependiendo del portador, se bajen hasta donde los zapatos impiden que caigan más.
Y que no se me olvide comentar la cara de Mateo cuando termina el festín y se separa del pecho: sólo es comparable a la expresión de un león después de un buen día de caza. Los ojos mirando hacia adentro, la cara embarrada de leche, la satisfacción purulando por su rostro. Da envidia a cualquiera.

 

Nosotros estamos felices y veo que a Andrea no le ha pesado estar todo el día básicamente atendiéndolo, más bien al contrario. A mí cada vez me cuesta más salirme al trabajo, de modo que en la oficina ya ni aspiran a verme llegar temprano. Las desveladas también ayudan a este estado general de sueño, pero no me quejo. Este regalito que nos llegó de nosédónde vale cualquier desvelón.

Así que ¡feliz cumplemes, Mateo! Que cumplas muchos más. Unos 1,200, por lo menos…