Un imbécil llamado Tom Cruise

¿Quién no conoce a Tom Cruise, el bello protagonista de Nacido el 4 de julioCuando los hermanos se encuentran, por mencionar algunas de sus películas (buenas)? ¿el mismo que es la delicia de tabloides por embarazar a Katie Holmes, haber estado casado con Nicole Kidman, haber sido acusado de homosexualidad por esta última?
Lo que quizás no todos sepan es que Cruise es practicante de la “religión” llamadaCienciología. Y uno muy público y famoso. Esta religión, fundada inicialmente por un escritor de ciencia ficción llamado Ronald L Hubbard para evadir impuestos, ha recibido mucha atención últimamente debido a su “enrolamiento” de figuras públicas, sobre todo actores de Hollywood: John Travolta, Chick Corea, Kisrtie Alley,.. Lo que sí casi nadie sabe es que Cruise se ha dado a la tarea de convertirse en portavoz de la cienciología. En una entrevista realizada por Matt Lauer del Today Show el 24 de junio de 2005, la plática rápidamente derivó del tema central (la presentación de la película La guerra de los mundos) por la psicología.
Tom Cruise nos deleita con frases como las siguientes:

  • “Tú no conoces la historia de la psiquiatría, Matt. Yo sí”
  • “Ella no sabe, y yo sí. La psiquiatría es una pseudo-ciencia.”
  • “¿Dónde están los análisis de sangre que nos digan cuánto Ritalin deberíamos prescribir?”
  • “Cuando empecé a estudiar la historia de la psiquiatría, entendí por qué nunca creí en la psicología”
  • “OK, una desviación del escenario ideal sería que alguien tome medicamentos. Y me dices, OK. ¿Cuál es la teoría y la ciencia detrás de eso, que lo justifique?”
  • “…y hablar de ello de forma que dices ‘bueno, ¿acaso no está bien?’, y ser razonable sobre ello mientras no sabes pero yo sí. Creo que deberías ser más responsable sabiendo de qué hablas, Matt.”
  • “OK, si yo quiero saber de algo, voy y averiguo. Porque yo no hablo de cosas que no entiendo. Diré, ¿sabes qué? no estoy seguro sobre eso.”

En fin. Dejando de lado que la cienciología no llega a ser ni siquiera pseudo-ciencia, que los orígenes de sus teorías principales están en una fallida novela de su fundador, y las confusiones sobre psiquiatría y psicología, me parece absurdo que un actor pueda tomar un foro público para hablar y fomentar ideas ridículas sobre la validez de los medicamentos antidepresivos y la psiquiatría, que muy probablemente influencien a miles de televidentes. Eso sí que es irresponsable.

 

 

La transcripción completa de la entrevista está aquí, en Drudge Report. Pero encontré dos mucho mejores:
– Esta, utilizando imágenes para representar los estados de ánimo de Tom Cruise
– Y esta otra, una conversación entre dos extraterrestres, que de alguna manera hace menos absurda la plática…

Cómo empecé con las computadoras

Siguiendo un poco la línea del O’Reilly Radar sobre cómo se engancharon en las computadoras varios tecnólogos célebres (Tim O’Reilly, Guido Van Rossum -Python-, Cory Doctorow -BoingBoing-, James Duncan Davidson -Tomcat y Ant-, etc). También Enrique Dans ha hecho ya su aportación. Y yo no soy un geek famoso ni mucho menos, pero como diría Jardiel Poncela, siempre es divertido hablar de uno mismo.

 

Mis inicios en la informática fueron con una TRS-80 de Radio Shack, que sólo sabíabootear en BASIC y no tenía unidad de disco, así que la única forma de grabar un programa o datos era con una grabadora de audio y cassettes. Sí, oyeron bien. A muchos amigos que están metidos en esto de IT y que incluso conocieron las tarjetas perforadas les cuesta trabajo creer que con un cable de audio y una grabadora, tecleabas SAVE “programa1” y ENTER, y empezaban a salir chirridos de la computadora. Los cables de audio que yo tenía estaban ya muy usados así que había que permanecer quietecito todo el tiempo hacer al menos tres grabaciones, o más si el programa había costado mucho trabajo. También había que usar cassettes de buena calidad y recordar qué tenían, porque cualquier día te guardabas una canción de Julio Iglesias encima del re-vo-lu-cio-na-rio programa para almacenar números telefónicos.
(Como dato al margen, recuerdo haber leído que en aquella época incluso había un programa en la BBC de Londres que, digamos los jueves a las 2:00 AM, transmitían solamente chirridos para alguna máquina determinada, así que había que conectar la radio a la computadora y teclear LOAD en el momento justo. En la BBC sólo decían: “el próximo martes toca transmitir un jueguito para la Acorn / Spectrum / etc. Era tecnología en su más pura expresión).
Quisiera creer que me enganché porque la computadora dió alimento a mi curiosa mente abstracta, o porque pude al fin emplear todos esos ciclos desperdiciados de procesamiento cerebral, pero debo confesar que lo que me atrajo principalmente era el manual de programación del TRS-80, narrado por una pequeña computadora a manera de cómic. Me divirtió tanto que acepté la propuesta de mi papá de trabajar en vacaciones, con tal de explorar la compu. Después de uno, dos, tres programas básicos de diez líneas llenas de GOTO y de IF..THEN..ELSE, el daño estaba hecho: el poder de crear estaba en mis manos.
Mi primer programa creativo fue una pequeña carrera de caballos que, para mi sorpresa, causó revuelo y hasta apuestas en la oficina. La TRS-80 no tenía muchas capacidades gráficas así que tuve que esperar hasta la aparición de las PCs -una Televideo, ahora sí, con drive de 5 1/4″- para hacer más intento dibujando líneas y áreas en una pantalla. Siempre deseé haber tenido talento para el dibujo así que supongo que fue una manera de compensar.
Como tener una PC en casa era demasiado -la Televideo, una vez más, era de la oficina- compré una computadora que aún conservo y que es una verdadera reliquia: una Timex-Sinclair 2068. En España, no me dejarán mentir los enterados, fue bien popular, pero con otro nombre: ZX Spectrum. He aquí una página con las increíbles especificaciones: velocidad de 3.58 MHz, 48K de RAM, resolución de 256×192 pixeles, ausencia total de unidad de disco (¡otra vez!), una pequeña impresora térmica,.. pero lo más raro de esta maquinita era su teclado: pulsar “I” producía la palabra “INPUT” en la pantalla, pero pulsarla por segunda vez mostraba una “I”, sin embargo apretando Shift se producía la palabra “IF”. Era muy confuso programar con ella pero producía gráficos muy bonitos y tenía un chip de sonido increíble. Larguísimas horas pasé transcribiendo programas de revistas españolas para el Spectrum…
Fue por esa época que decidí que quería estudiar una carrera relacionada directamente con los ordenadores y, más precisamente, con la programación. Soñaba con escribir un programa que fuera capaz de conversar normalmente e ir aprendiendo conforme platicaba; con diseñar un juego interactivo que miles jugaran hasta altas horas de la noche; con crear fórmulas que, al ser graficadas en la pantalla, crearan bellas imágenes llenas de colores y formas.

 

Y aún sueño con todo eso…

De cómo perder clientes lo más rápido posible: el caso Sony – rootkit – DRM

Hace unos días empecé a redactar un post sobre Mark Russinovich, el genio detrás deSysinternals, empresa que se dedica desde hace muchos años a investigar las tripas de Windows (recuerdo haber bajado software de su sitio cuando acababa de salir Windows 95!). Quería hacer una semblanza de su historial y declararme su eterno admirador. Pero ahora Mark está en el centro de un escándalo descubierto por él mismo. En su blog el 1o de noviembre relata cómo descubrió con sorpresa (¡imaginen cuánto cuidado tendrá él con las cosas que instala en su máquina!) que era víctima de un rootkit, tipo de software que se esconde de básicamente todas las herramientas normales de Windows: el Explorer, el Task Manager,.. ¿razones válidas para este comportamiento? Mmhhh… no se me ocurren. Como diría la abuela de Andrea, “lo que está limpio, ni jabón ocupa“.
Sus descubrimientos lo dejaron anonadado: para empezar, el rootkit se instalaba al ejecutar un determinado CD de Sony (de un grupo llamado Van Sant); luego, se escondía del usuario y enviaba datos a Sony cada determinado tiempo. Sony clamaba que el programa nunca se “comunicaba a casa”, pero cuando se comprobó que sí, argumentó ¡que de todos modos no estaba dándole ningún uso a esos datos! Desde el Honorable Congreso de la Unión se escucharon los “boooo…”
¡Mala fortuna para Sony, que sus sucias tretas se hubieran ejecutado contra un experto de la talla de Russinovich! Verdaderamente, el cazador cazado…
De ahí en adelante, ha sido una historia de escándalo que haría babear a Britney o Jessica Simpson: poco a poco se descubren nuevos CDs con la supuesta “protección contra copia”, se crea una pesadilla de Relaciones Públicas para Sony, quien lanza un desinstalador que al poco tiempo se descubre que no sólo no desinstala correctamente el rootkit, sino que aparte deja vulnerable al sistema donde se aplica, se crea una demanda gigantesca contra Sony, se descubre que están utilizando software de código abierto que por lo tanto los obligaría no sólo a notificar de la existencia del software, sino también publicar el código fuente,.. para agregar ofensa al insulto, al analizar el EULA(licencia de uso) de estos CDs pide cosas tan absurdas como

  • tener que borrar toda tu música si te mudas de país, o si te roban el CD original
  • al aceptar el “contrato”, aceptas que Sony instale “backdoors” en tu máquina para que ellos puedan forzar el cumplimiento de sus derechos
  • y en cualquier caso, la suma máxima por la que podrías demandar a Sony son ¡¡¡$5 USD!!!

Un poco más y te pedían derecho de pernada. ¿Qué es esto?

Para mayor detalle, hay un resumen de eventos en BoingBoing.

Lo peor de todo este asunto es que, en todo momento, Sony se ha comportado como el malvado caporal de cualquier telenovela latinoamericana: hace trampas, no lo reconoce cuando lo descubren, si arregla sus faltas lo hace a medias y de mala gana, trata a sus cuasi-esclavos como seres inferiores,.. Tal parece que para los señores de Sony todos somos rateros en potencia (por cierto, un policía patán me detuvo hoy, y al exigirme que le mostrara la tarjeta de circulación, me decía “es que, ¿cómo sé que el coche no es robado?” Debí preguntarle, “trabaja usted en Sony?”); somos rateros en potencia, decía, o pequeños animalillos incapaces de resistir a la tentación de hacer cosas indebidas con sus pertenencias. Y merece un capítulo aparte el cómo tratan las disqueras a sus artistas…

Quisiera emitir una opinión conclusiva, pero no quiero rebasar el límite de 10,000 palabras de un artículo en La Coctelera… 🙂 Para mí, el trasfondo de todo esto es que las disqueras están peleando una guerra civil echando bombas atómicas. Y cada vez encuentro menos justificaciones para dejar de bajar música de sitios P2P. Pero ¡ay! ese es un tema que requiere mucha más saliva de la que me queda, por hoy. Por lo pronto, el colofón de esta historia es que, de ahora en adelante, me fijaré mejor en qué disquera publica un CD en particular, y si es Sony, me la pensaré dos veces…

El “corrector ortográfico” de Word

Soy un obsesivo de la ortografía. Y poco tolerante. Mala combinación para alguien en estos tiempos de SMS e Instant Messaging (al respecto, vale la pena leer dos posts de Enrique Dans, Los niños no saben escribir y El cantar del mío Cid; me encanta ese blog). Si a Enrique le parece dssprnt q ahr c scrib n codigo, a mí desde siempre me ha enloquecido ver errores ortográficos en la calle. Sí, sé que el castellano es difícil porque los fonemas y los morfemas no se caen bien, o algo así decía mi maestro de Español en la primaria. Pero eso no es pretexto. Es típico el cartón pintado a mano que anuncia que “Se asen tortas milaneza con choriso”, que se supone debemos perdonar por el nivel educativo promedio de nuestro país. Sí, lo perdonamos, pero ¿a mí quién me quita los retortijones que siento cuando leo “Precausion: cemi remolque”?
Un error típico de todas las épocas es confundir “a”, “ha” y “ah”. Lo veo todo el tiempo en las pláticas por el messenger (por cierto, ¿cuántas personas conoces que digan “me lo encontré en el Mazzinger”? Yo creí al principio que era un antro de moda):
– “estoy triste porque no me a llamado”
– “a, no sabía de qué me estabas hablando”
– “haber si luego nos vemos” (Esta última, tan común que ya ni sé cómo se suponía que se debía escribir)
Mucha gente piensa que, como escribe sus cartas en Word, es imposible que tengan faltas ortográficas. “¡Pero si le pasé el espeller!!”. Pero, a ver (¿haber? ¿cómo era?): ¿cómo va a adivinar Word si quieres demostrar sorpresa (ah), si estás conjugando el verbo haber (ha) o si quieres una preposición (a)? En inglés, idioma en el que se inventó el primer corrector ortográfico, no hay tantos problemas. Para comenzar, no existen los acentos. Eso le quita el 80% de la complejidad. Y luego, es raro que las palabras suenen igual pero se escriban diferente (aunque tengo la impresión de que sólo el 1% de los gringos saben distinguir el “its” del “it’s”).
En español, sin embargo, abundan los problemas. Hay multitud de palabras cuya única diferencia es un acento. Recuerdo haber presenciado un problema grave de un proveedor con su cliente por haber escrito en el messenger “que dijiste” queriendo decir “¿qué dijiste?” y el otro, pensando que lo acusaban de haber dicho algo que no debía, estaba todo alterado. Incluso hay palabras que tienen tres acentuaciones: íntegro, integro, integró, por ejemplo. También están tramite, trámite, tramité.
Yo sé que casi siempre es fácil adivinar de qué palabra se trata dependiendo del contexto. Está bien en una conversación por el Mazzinger (me gusta más así) con tu novia. Pero para algo más formal no se puede confiar en que Word mágicamente corrija tus errores.
Aunque seguramente a nuestros hijos sí les tocará que un software corrija ortografía, redacción, hasta estilo. Quizás entonces se cumplirá el sueño de quienes proponían que cada letra fuera sólo un fonema: desaparecer la “c” y sólo utilizar “k” cuando es fuerte y “s” cuando es débil, olvidar para siempre la “h”, la “z”, la “ll”,…

Los primeros 20 días

Quise escribir este pequeño recuento antes de que todo se me olvidara. Es una breve historia de 20 grandiosos días. Me dicen los padres experimentados que el tiempo se va volando, que cuando menos los esperas, ya estás tomando la decisión de qué universidad es la ideal. Pero me decían lo mismo del embarazo. Extrapolando, creo que no aplica a mí. Estos 20 días ocupan el 40% de mi memoria a corto plazo.
Intentaré ser breve y no aburrir demasiado al lector ocasional. Pero advierto que el post pinta para ser largo…
Día -1. 12 de octubre, 2005. Desde temprano, Andrea y yo nos vamos al hospital, para intentar la inducción del parto. Andrea tiene ya 41 semanas de embarazo y por consejo del médico, hay que inducir porque no es conveniente que esté mucho más tiempo ahí dentro. Es un proceso largo: la primera pastillita se la aplican a las 10:00 AM, la siguiente revisión será a las 5:00 PM. Mientras tanto, a caminar, y caminar, y caminar, con la esperanza de que Mateo o el útero de Andrea hagan que se dispare todo el proceso.
5:00 PM: Parece que sí se disparó. ¡Ya estamos oficialmente en trabajo de parto! Tres contracciones cada 10 minutos. Muy buenas. El doctor nos manda a relajarnos y esperar. Una noticia parcialmente mala, sin embargo: no hay todavía dilatación y Mateo no se ha encajado. Ni modo.
Día 0. A las 12:30 AM, nueva revisión del doctor y malas noticias: por alguna razón, el trabajo de parto se hizo irregular. Sigue sin haber dilatación. Aparentemente, aplicar una nueva pastilla de Misoprostol o de plano oxitocina no es una buena idea. El tiempo probará que es correcto.
A las 2:00 PM, última revisión del doctor, y lo que temíamos: no hubo señales de inicio de parto, procederá a operar a Andrea. Todo esto nos toma de sorpresa, todas nuestras energías se habían enfocado en ser muy positivos y creer que sí se lograría finalmente tener un parto acuático.
Las cosas suceden muy rápido, no me permiten ver a Andrea sino hasta que ya está en quirófano, y para entonces ya está totalmente sedada, dormida. Me informan que estaba muy nerviosa. De aquí en adelante, asisto al parto de Mateo yo solo, y como ya lo dije en mi post previo, un 50% de mí no estaba consciente.
A las 3:22 PM nació Mateo. Hermoso, enorme. Llorón. Al principio sus gritos todavía están llenos de agüita y no sé si preocuparme. Un minuto después, ya llora normalmente, como recién nacido de película. ¡Qué poco sabía yo que ese mismo llanto era el que llenaría los siguientes meses (¿años?) de mi vida!
Ese mismo día, montones de amigos y parientes visitaron: Gaby y Beto, por supuesto, Mariana, las abuelas, Esteban, Mirén y Javier, Ana, Alberto, Óscar, Eneida,.. muchísima gente todo el día. Mientras tanto, los efectos de la paternidad no se dejan ver aún, puesto que todos cargan y alimentan a Mateo con el mayor gusto, en la noche las enfermeras se lo llevan para relevarnos,.. y está bien, ahora la que tiene que descansar y recuperarse es Andrea. El papá importa también, pero no tanto: él ni acaba de nacer ni de ser operado. Ya sacará energías de algún lugar.
Una anécdota graciosa, ese mismo día: mi mamá se queda en la casa para cuidar a los perros, pero la señora que hace el aseo cerró con candado. Al final tuve que lanzarme a la casa, saltarme desde la casa del vecino, y enmedio de todo esto, me caigo por una ventana y me hago un enorme raspón. Supongo que era necesario que yo también tuviera algún tipo de dolencia física.
Día 1. Otra vez el día transcurre con Mateo en nuestro cuarto, muy tranquilito, comiendo mucho, cargado por más y más visitantes (Daniel, Raúl, Alex y Rafa, etc). Empezamos a conocerlo y a asombrarnos: está realmente bonito. Es decir, parece que no es sólo amor de padre, los amigos y las fotos nos lo confirman. Pero ¿qué es verdad y qué es ficción? ¿Cómo convencer a un padre aturdido por la aparición de un minúsculo ser que, indudablemente, tiene un aire como de familia y que lo mira a uno como diciendo “Cuídame, estoy muy pequeñito”?
Día 2. ¡Nos vamos a casa! Todos los preparativos nos distraen del verdadero sentido de lo que está ocurriendo: salimos dos, regresamos tres. No importa que nos acompañe una sinfónica en el viaje. En el fondo, lo maravillosamente aterrador es que ahora sí, no hay enfermeras que resuelvan las crisis y cuiden a Mateo durante las noches. Mateo es nuestro, como nuestra la responsabilidad. Pocos días después cambiaría un poco mi punto de vista al respecto.
Días 3, 4, 5. La primer noche en la casa, un pequeño desastre, porque mi inexperiencia para cambiar pañales resultó en residuos de caquita (no hallo otra palabra para nombrarla) que se quedaron en alguno de los varios escondrijos posibles. Resultado: una hora de nervios taladrados y llanto. Por fin, la madre experta pero recién operada entró al quite y se solucionó el problema. Padres estresados crían niños estresados. Jamás se me olvidará.
Estos primeros días difíciles en casa transcurren sin mayores contratiempos, por parte de Mateo. Como todavía no le baja la leche a Andrea, estamos alimentándolo exclusivamente con fórmula, y yo subo y bajo las escaleras de la casa unas 2,500 veces. Mateo está un poco estreñido y no sabemos aún si preocuparnos, y en cualquier caso nos aguantamos las ganas de llamar a la pediatra.
El día 3, por cierto, va la novia de Mateo a conocerlo. Sí, ¡Mateo tiene ya novia! Es la hija de unos queridísimos amigos del curso psicoprofiláctico (qué palabra más larga, nunca la había escrito), tiene 3 semanas más de vida que Mateíto y, por lo pronto, se ven como Demi Moore y Ashton Kutcher: ella, ya muy consciente del mundo, con los ojos muy abiertos; él, todavía aclimatándose al planeta Tierra. Fue una sorpresa bien agradable que quedó debidamente documentada en imágenes.
Día 6. ¡Ya le salió leche a Andrea! Justamente un día antes, en la noche, Andrea se lamentaba por la incertidumbre. Ahora sólo hace falta convencer a Mateo de que la tome, porque los primeros días lo intentó y terminó frustrándose. En los primeros intentos de amamantarlo, Mateo rechaza indignado el seno. Es un niño bien decidido y voluntarioso, ya lo vamos conociendo. Nos gusta así.
En otras noticias, Mateo ya está haciendo del baño correctamente. Hasta se me quita el asco del gusto.
Día 7. Una vez más se demuestra que el futuro está a cinco minutos. Mateo, en el enésimo intento, por fin logra tomar leche de Andrea. Es para ella un momento de realización: yo se lo noto en la mirada. Tranquilidad. Las cosas marchan.
Días 8 a 15. La vida de Mateo transcurre en tramos de tres a cuatro horas, entre dormir, comer, hacer sus necesidades, recibir un baño,.. Por cierto, esto último lo hago yo, en la regadera, y lo disfruto tanto que al terminar siempre le digo “¡Gracias, Mateo!”.
Mientras tanto, vamos poco a poco encontrando una rutina: Andrea lo alimenta todo el día con leche materna, pero la despertada que cae a la mitad de la madrugada la resuelvo yo con fórmula. Resulta un éxito porque así Andrea puede dormir casi de corrido unas ocho horas. Ah, y yo sigo sin salir de casa ni usar el auto para nada. Gracias al internet, medio puedo mantenerme en contacto con clientes y compañeros de trabajo, pero la realidad es que invierto el 80% del tiempo de computadora en subir fotos y más fotos.
El día 15 fue sumamente difícil para Mateo, estuvo todo el día despertando intermitentemente, sus papás no sabíamos cómo resolverlo. Finalmente, quedaron algunas conclusiones: este es un niño demasiado ávido de alimento; su necesidad de succionar ocupa casi todo su día; estar sucio realmente le encabrona; todo lo anterior se resuelve eventualmente, con paciencia infinita.
Días 16 a 20. Mateo es todo un vago. A la fecha, ha salido de la casa tres veces en auto, dos en carreola, dos en rebozo. Como es natural, el movimiento de sus medios de transporte le produce sueño y casi no participa del paseo. Pero igual sus padres se sienten felices. Es particularmente bonito sentirse una familia. Suspiro. Snif, como diría ElHuevo.


Hay infinidad de cosas que estoy olvidando escribir. Pero es suficiente con lo que queda platicado, y afortunadamente en La Coctelera no cobran por longitud del post.
Una última aclaración: estos 20 días han sido intensos, los más intensos de mi vida. Y de la de Andrea. Y por supuesto, de la de Mateo. Pero no todos los posts siguientes serán así de descriptivos y largos. Lo prometo. Es que… tan sólo soy un padre primerizo.

Colores Santos (azote con música simultánea)

Colores Santos

Te extraño en las tardes
quizás no es amor lo que me hace buscarte
Las decisiones siempre llegan tarde
Las piezas que quedan jamás encajan

Creo que sé a qué decisiones se refiere Cerati: las que se intentan tomar con el cerebro pero están animadas por la pasión, las hormonas y el calor de la tarde, que sabes que nunca se realizan: por eso no encajan las piezas que quedan después de la pasión. La razón es simple: ni siquiera provenían del mismo rompecabezas.

Viajando en la luz te quiero abrazar
un beso perfecto
Envuelto en los sueños de inútiles noches confusos recuerdos,
Colores Santos

Noches inútiles, gastadas intentando el beso y el abrazo perfecto, con recuerdos que nunca son exactos ni aunque los escribas inmediatamente después, igual que en un sueño. Son inútiles para efectos prácticos, pero nutren, llenan, dan combustible para seguir cuando la vida no es precisamente colores santos.

Quizás no es amor
Quizás no es amor
Quizás no es amor
Yo sé muy bien
jamás me entendiste y no lo pretendo
Dulce es este viento sopla en mi corazón arrastra olvidos y no regresa

El sentido de todo se desvirtúa, metamorfosea, se desdibuja. El viento del dulce descubrimiento ayuda a olvidar incluso lo que se ha descubierto: todo podría haber sido falso, pero ya no importa.

Cambiar las palabras
mejor no jurar
promesas erradas
cambiar las palabras

Mejor no jurar, mejor nada más dejar que las palabras se diluyan, se evaporen lentamente, se separen de sus conclusiones posibles, y sólo fluir, fluir, fluir…

Quizás no es amor
Quizás no es amor

Instrucciones: este es un intento de lectura multimedia en la que el tiempo para leer el texto debería ser el mismo que dura la canción. ¿Funciona? ¿Agrega algo? En cualquier caso, la canción es fantástica y se puede escuchar en loop…
Nota: la imagen que aparece debajo es en realidad el video de la canción, para que le hagas click al triangulito de “play” y la escuches mientras lees el post.

Dedicado a los idiotas

Todos somos un poco tontos. En algún sentido. Quizás eres neurocirujano y tus manos son el instrumento de Dios, pero quizás no puedes bailar merengue sin pisar a tu pareja y a cualquier inocente vecino de pista. O eres un crack del futbol y le das consejos técnicos a Beckham, pero cada vez que platicas con tu novia del colegio, sólo aciertas a balbucear estupidez y media. En fin. Cada quien tiene una o varias áreas de experiencia en las que se siente cómodo, pero otras miles en las que no. Es natural. Pero eso no significa que uno sea un idiota para ello. Nadie llamaría “idiota” a Michael Jordan si pierde en el ajedrez contra el nivel más básico del GameBoyMicro, o si un plomero no reconoce la diferencia entre Schubert y Chopin.
Soy un intolerante, lo reconozco. Sin embargo, no llamo “idiota” a quien hace mal las cosas. Le doy ese nombre a quien, careciendo de talento / preparación / experiencia / intuición en un ramo, decide que le importa poco y sigue ejerciéndolo de todos modos. A veces, yo lo sé, la realidad supera a la utopía, y no hay otra alternativa: viene a la mente la clásica historia del biólogo marino que maneja un taxi, o la señora que durante años tuvo que fingir que se había matriculado en economía (sin embargo, casos como esteson un extremo). Pero los que no tienen perdón son los que ejercen, hacen, deshacen, y cometen torpeza tras torpeza durante años, y de todos modos siguen sin prepararse, sin buscar otra área donde sí funcionen, o de plano admitan públicamente que no son aptos para la tarea que les ha sido encomendada y renuncien. Estos son los que, perdón, pero para mí merecen el apelativo de idiotas.
Como ejemplo de idiotas públicos, se me ocurren los “comediantes” que tenemos en México (vienen a la mente Ortiz de Pinedo, Carlos Espejel, Reynaldo no-sé-qué), TODOS los del partido Verde, los actores de Televisa que llevan 100 telenovelas y siguen sin poder hacer el más básico gesto de sorpresa (piensa en Victoria Ruffo o la peor, María Sorté), los tontísimos secretarios de Estado que tenemos (sobre todo Carlos Abascal, quien cree que parte de su agenda como Srio de Gobernación es opinar sobre temas religiosos y culturales). También me parecen idiotas los mediocres futbolistas mexicanos, todos millonarios pero absolutamente faltos de cualquier talento y condición física (Cuauhtémoc, ¿cómo jugarías si bajaras esa panza?). Y qué me dicen de Adal Ramones, conduciendo Bailando por un Sueño, demostrando más allá de cualquier duda que su único mérito, sus famosos monólogos, son 100% leídos y nada de lo que dice es fruto de su creatividad. Idiotas ejemplares son los cantantes que no cantan ni componen ni tocan nada, como Paulina Rubio o Enrique Iglesias.
En fin: no soporto a los idiotas. No comprendo cómo alguien puede decir “hola, soy actor” o “yo trabajo para México” y poder mirar a los ojos al espejo. No hay pretexto para quien sigue siendo inepto realizando un trabajo por el cual recibe un sueldo. Me es imposible entender a alguien que trabaja en sistemas, por ejemplo, y decide sentarse en su conocimiento, a sabiendas de que, en esa área, no actualizarse significa la obsolescencia. Y tengo peor opinión de aquellos idiotas que no sólo no se capacitan o renuncian, sino que desde sus pedestales se dedican a lanzar sus dardos contra “los nuevos”, fomentando aún más la mediocridad y el estatismo.
A todos los idiotas: por favor, un poco de autocrítica. Mientras más pública sea su idiotez, más daño hacen a la sociedad, que inicialmente intentará imitarlos y quizás hasta superará su idiotez. No digo que todo tenga que hacerse con excelencia. Tan sólo hagan las cosas tan bien como puedan. Nuestros niños se lo agradecerán.