La lengua y predisposiciones culturales

Siempre me he preguntado si la lengua nos limitará en algunos sentidos y nos liberará en otros. Está el clásico ejemplo de los esquimales, que tienen 20 (o algo así) palabras diferentes para describir “blanco”. Para ellos, la nieve de ayer no tiene el mismo color que la de hoy, y un cielo lleno de nubes sería toda una gama de colores, donde yo sólo veo blanco y tonalidades de gris. Y supongo que no sólo se trata de una apreciación superficial, seguramente es algo que un no-esquimal como yo tardaría años viviendo con ellos para apreciar y entender.
O también: ¿qué pasa si una palabra suena feo en algún lenguaje? ¿O suena como otra palabra? Por ejemplo, Fiona en español suena demasiado como “Feona”, creo que muchos padres ya le habrán huido al nombrecito, aunque se haya puesto de moda por Shrek. En algunos sitios americanos se burlan de la Federación Anti-Piratería de España por sus siglas (FAP), que en idioma de Shakespeare significa masturbación.
Eso me lleva a otro punto. Creo que el inglés es un idioma muy plástico, mucho más que el castellano. Al menos veo que tienen mucho menos miedo a hacer cosas graciosas y creativas con las palabras (“webify”, “ground zero”, “podcast”, etc). Y veo también que esto se refleja en la personalidad de los países, a vista de satélite. Ayer precisamente leía un artículo que decía que las películas son como los países: las francesas, demasiado intelectuales y obsesionadas con el adulterio; las americanas, demasiado simplonas y obvias, las alemanas, densas e impersonales (yo agregaría que las mexicanas son siempre oscuras y deprimentes). Hoy también leí este artículo, un estudio serio que indica que chinos y japoneses ponen mucha más atención en los detalles que los gringos. Imagino, sin embargo, que esto se debe más a la idiosincracia.
Pero bueno. Estoy en plena campaña “anti-larguras” en mis posts. Sólo era un poco de “food for thought”. Creo que una vez más no voy a recibir comentarios… 🙂

Un náufrago en los mares del lenguaje

Para variar, divagaré. Tengo dos temas en la cabeza, y me han estado inquietando últimamente. El primero, el lenguaje. El segundo, el lenguaje.
Si, parece raro. Pero en realidad son dos temas; me explico: el primero me surgió dando una buena navegada por el sitio del Huevo, un cuate que es muy gracioso para escribir y le debe mucho de su gracia al lenguaje que utiliza. Para muestra, vale un botón. Su blog tiene tan sólo un año de vida y ya posee una legión de seguidores, todos muy activos en sus comentarios y de lenguaje incluso más agresivo (más sobre esto debajo) que el del Huevo. Es legendaria la broma que hizo al poner la palabra inventada “Muldereado” en la Wikipedia, a raíz de un chiste local. Un español, bastante decentemente, decidió borrar la entrada y tanto el Huevo como su batallón lo llenaron de mierda en los comentarios (algunos graciosísimos).
En el otro lado del espectro, está el blog Septiembre, de aquí de la Coctelera, sensible y personalísimo, lleno de palabras de tres o más sílabas, en el borde entre prosa y poesía. También tiene legión de lectores.
En ambos blogs, el lenguaje forma parte de su identidad. Yo, por mi parte, no podría escribir como ninguno de los dos: decirle a mis -inexistentes- lectores “me la pelan” no va conmigo, y de la misma forma, no puedo escribir mis pensamientos en forma de pequeñas frases misteriosas llenas de alegorías. Para mí, más bien, es importante intentar comprimir las frases y decir lo más con lo menos. Cosa que no logro aún 🙂
En fin. Ese era el primer punto. Sin embargo, prometo que el segundo punto será mucho más corto.
Y tiene relación con el primero: nuestro lenguaje escrito es imperfecto. Alguien alguna vez me dijo que nunca me peleara ni por carta ni por teléfono, porque en ambas instancias faltaba observar las expresiones faciales y corporales, que siempre completan el espectro. Es una razón por la que los grandes escritores y los buenos declamadores son tan celebrados: logran transmitir toda una emoción sin que necesitemos verlos.
En algún post del Huevo intentó explicar que él no es como parece, que deberíamos verlo y oírlo hablar de lo que escribe. Coincido con él, creo que algunos de sus lectores han malinterpretado su personalidad. Incluso me imagino perfectamente una escena digna de Seinfeld en la que Septiembre y Huevo, los dos protagonistas de mi post de hoy, pudieran platicar amigablemente por horas en alguna reunión de bloggers. Y es que escribir es un poco como amar: algunos lo hacemos groseramente, otros llenos de cursilería, depende de qué novela hayamos elegido representar y cómo hayamos aprendido a hacerlo. Pero eso no significa que seamos burdos o simplones, respectivamente: sólo es una dimensión. Escribir es una foto en la que podemos salir mejor o peor de lo que creíamos, y no depende de si sonreímos a la cámara o nos sorprendieron al tomarla.

“Diseño inteligente” y unas nuevas religiones

¿Has oído del Diseño Inteligente? Es una “teoría” o más bien un movimiento seudocientífico que busca explicar cuestiones como la evolución, la existencia del universo, la diversidad animal, etc, como producto de una entidad o “Diseñador Inteligente“, sin necesariamente decir Dios -o Aliens, para el caso-. Lo inteligente es que se ha estado usando para reintroducir la religión en los salones de clases, de una manera un poco hipócrita, si me preguntan.
El sustento del D.I. son estadísticas, cálculo de probabilidades, y observaciones sobre un montón de pequeñas cosas sin mucha relación entre sí, o simplemente aprovechando lainfinidad de preguntas que todavía quedan sin contestar por la ciencia tradicional. De este modo, han logrado que en algunos estados de Estados Unidos se obligue a los maestros a enseñar el Diseño Inteligente a la par que la evolución, argumentando que los estudiantes tienen derecho a conocer todas las teorías disponibles. En Kansas ya es un hecho.

Entra en escena el Pastafarianismo, también conocida como la religión del Monstruo Volador de Spaghetti (MVS o FSM, en inglés). Creada por Bobby Henderson como respuesta a la determinación de la School Board of Kansas, tiene como su deidad a -ya te lo imaginabas- un monstruo volador hecho de spaghetti. Sus seguidores –más de 10 milones en el mundo– afirman que el MVS es el creador de todas las cosas, que éste a veces se muestra en estados diferentes al natural hecho de spaghetti, y han escrito numerosos tratados en el que explican el por qué de estos y otros fenómenos. Muy interesante es la teoría de cómo el MVS suele hacer creer a los pobres científicos que la Tierra es mucho más vieja de lo que aparenta, modificando los datos con su Apéndice Tallaríneo (traducción mía).
Bobby ha advertido que, de no otorgar tiempo justo en los salones de clases a la teoría -que no religión- del MVS, demandará al estado de Kansas. En una carta abiertapublicada en su página, expone las razones por las que exige trato igual para sus creencias. Incluso explica cómo la reducción en el número de piratas -de los que usaban sables y abordaban barcos- tiene relación directa con el aumento global de la temperatura, demostrándolo con una gráfica que no deja dudas al respecto. Aunque no tenga que ver con el asunto. Ciencia Inteligente de la mejor que se puede conseguir.

Termino este post alegrándome de que en México no tengamos -ni vayamos a tener- este tipo de problemas, no señor. En la Constitución dice que la educación es obligatoriamente laica, y por supuesto se respeta. Gracias a Dios.
Update:No lo sabía, pero el Dr Kent Hovind, fundador del Creation Science Evangelism, lleva un rato ofreciendo $250,000 USD a quien ofrezca pruebas empíricas de la evolución. Pues bien, ahora Boing Boing ha lanzado un reto similar pero opuesto, ofreciendo la misma cantidad a quien demuestre que Jesús no es el hijo del Monstruo Volador de Spaghetti. Mmhhh… no sé, creo que iré por ambas…
Update 2: La oferta de Boing Boing ha subido a $1,000,000 (un millón de dólares), gracias a algunos nuevos adeptos Pastararianos. Convirtiéndose en noticia tipo CNN… 4…3…2…1…

Enrique Jardiel Poncela

Últimamente, creo que por leer blogs españoles -en verdad- me he acordado de un héroe personal: Enrique Jardiel Poncela, una especie de Oscar Wilde cruzado con Germán Dehesa desquiciado, Al Bundy (de Married with children) y Jorge Ibargüengoitia. Tuvo su mejor época entre 1930 y 1940; sólo escribió cuatro novelas durante su vida, pero dejó también numerosas obras de teatro y artículos que después reunió en varios libros. Creo que las novelas son muy superiores, y en cualquier caso parecen haber sobrevivido mejor al paso del tiempo. Las cuatro novelas son:

  • Amor se escribe sin hache. Hace mofa de las novelas de amor. El humor de Jardiel todavía no está a su máximo, pero empiezan a dibujarse los rasgos principales: escenas subidas de tono (para los ’30s), mujeres desvergonzadas, diálogos cáusticos pero muy inteligentes,.. pero sobre todo, la originalidad. En el epílogo, por ejemplo, escribe críticas de ese mismo libro tal y como las habrían escrito autores famosos de la España de sus tiempos: Azorín, Benavente, etc.
  • ¡Espérame en Siberia, vida mía!. En esta se burla de las novelas de aventuras, quizás con más saña que en su novela anterior. En el prólogo dice que su obra es del género del Quijote, sin querer compararse con Cervantes: por ejemplo, dice, Cervantes era manco y él no. Una vez más, algunos detalles de humorismo explosivo son francamente demasiado: en una escena, donde los personajes viajan en tren, de pronto pasan por un túnel, y Jardiel pone dos y medio páginas completamente negras. Esta novela y la siguiente son las dos mejor logradas.
  • Pero, ¿hubo alguna vez once mil vírgenes?. Aquí, dirige sus dardos contra el donjuanismo y los ensayos inútiles de conocimientos enciclopédicos. Una vez más, el protagonista es un hombre de mundo pero esta vez se enfrenta con una mujer superior a él en sarcasmo, inteligencia, don para conquistar, y con corazón mucho más duro. Se nota que Jardiel, muy lejos de odiar a las mujeres, sentía que eran demasiado para él.
  • La “tournée” de Dios. La primera mitad de la novela es quizás donde alcanza mayor finura e ingenio: los personajes son mucho más reales -uno de ellos es homosexual- y hasta el amor entre ellos es relativamente sano. Pero en la segunda mitad, donde se dedica a describir las andanzas de Dios en el mundo -como tirar la torre de Pisa pero hacia el otro lado, para que nadie dijera que se había caído sola-, es más bien pesada y demasiado político/sociológica. La tesis de Jardiel, sin embargo, es sólida como piedra: al preguntarle los líderes mundiales a Dios cuál es el mejor tipo de gobierno, si democracia, monarquía, socialismo, etc, éste responde: “¡Qué pregunta! Por supuesto que la tiranía. Es la que yo practico”. Destila amargura.

Definitivamente hay que leerlo. Los libros, al menos en México, son difíciles de encontrar, pero todavía andan volando por ahí, en librerías olivdadas. La editorial se llama Biblioteca Nueva. En Ediciones Cátedra publicaron recientemente las cuatro novelas; una edición muy bonita, las hojas no se salen volando -como en los de Biblioteca Nueva- y los prólogos fueron hechos concienzudamente. Sin embargo, son un poco caros.

Algunos datos curiosos: Jardiel “inventó” el método de tomar una película y poner sonidos y diálogos que no corresponden a la versión original, para conseguir efectos cómicos. Después de él, muchos le copiaron y nunca recibió crédito.
Varias películas basadas en sus libros tuvieron éxito moderado, pero en México, curiosamente, se hicieron dos por sendos gigantes de la época de oro: Tin Tán (“Mátenme porque me muero”) y Mauricio Garcés (“Espérame en Siberia, vida mía”, en la que por cierto apareció una vez más la corrupción mexicana al poner en los créditos a otro cuate como escritor). He visto las dos y la adaptación del humor vitriólico de Jardiel a la idiosincracia -y el estilo- del México de TinTán y el zorro plateado es impecable.
Hasta Caifanes, grupo de rock mexicano de finales de los 80s, tuvo su primer gran éxito con una canción llamada “Mátenme porque me muero”. Dudo que supieran el origen de la frase…

Para visitar:
http://www.jardielponcela.com.ar/marido.htm Web dedicada a Jardiel. El link apunta a un cuento corto que tiene como gracia especial no utilizar la letra e, que es la más usada en español.
http://www.alohacriticon.com/viajeliterario/article1288.html?topic=7. Recopilación de las películas basadas en libros o teatro de Jardiel.

 

Odio a los abusivos

Hoy me toca despotricar. Principalmente porque ayer de plano perdí el control. Muchas veces me han platicado la historia de aquél al que mataron sólo por un día ganarle el lugar de estacionamiento a otro / aventarle el coche / etc. Y no tengo ganas de apuntarme como candidato para ese tipo de tragedia, mucho menos ahora que está en camino Mateo.
Pero ayer fue demasiado. En el estacionamiento de una tienda, en el que sólo había una caja -y no cajeros de prepago- para salir, habíamos unos 50 autos esperando turno. Yo sabía que la espera iba a ser larga, incluso me puse a leer el periódico. Sin embargo, la dificultad estribaba en que a la caja llegábamos autos en dos direcciones, y por lo tanto las reglas más básicas de la convivencia indicaban que pasáramos uno de una fila y uno de otra, el famoso “uno y uno”.
Pero no. Los de la otra fila estaban convencidos de que éramos unos intrusos y no dejaban pasar. Uno, dos, tres pasaron abusivamente. Exploté. Empecé a gritarles desde el coche, voz en cuello. Cuando era mi turno de pasar, el de la otra fila me aventó el auto, y seguí gritándole, preguntando por qué él pensaba que debía pasar, si no era su turno. Se intercambiaron palabras bastante fuertes. Mentadas de madre. Todo terminó bien, sin embargo, porque no hubo agresiones físicas ni a los coches.
Todavía me duró una media hora el coraje.
Es bien fácil decir en estos casos: “por eso estamos como estamos”. Creo que es exagerado. Me parece que es una consecuencia de la vida en una ciudad tan grande, y de estar encerrados en nuestras latitas de aluminio por demasiado tiempo. Sin embargo, todavía no alcanzo a entender qué pasa por la cabeza de quien decide “agandallarle” el turno al otro. ¿Pensará “yo sí tengo prisa, no este idiota que me importa poco”? ¿O estará convencido de que el que no transa no avanza? Soy un convencido de que estas reglas de convivencia están hechas precisamente para resolver casos difíciles como este, sin que nos matemos unos a otros.
En fin. No lo vuelvo a hacer, espero. Me urge montar un punching bag en la azotea de la casa, para “calentar” (o más bien enfriar) antes de regresar a la tienda.

PostSecret.com

La idea detrás de PostSecret es la siguiente: tiene una dirección a la que puedes enviar una postal -de cartón, papel, lo que sea, pero tiene que ser tangible- decorada como quieras, con un texto personal, escogido libremente. La única condición: tiene que ser un secreto.

Visita el sitio, vale la pena. Es asombroso. Revisa una por una las postales: una te hace reir, la siguiente te deja pensando, la que sigue te hace llorar. Muchos son secretos terribles, otros son testigos de la crueldad de la naturaleza humana. Otros más son anécdotas graciosas (como el que intercambió las boletas de infracción de su coche y el de adelante. “¿Mi boleta? Fue pagada al día siguiente. ¿La del otro coche? La envié a PostSecret”) o introspecciones inmisericordes (“Me pregunto qué sería de mi vida si tuviera el coraje de contarle (a ella)”); travesuras liberadoras (“A veces flirteo con hombres heterosexuales en el coche. Se siente bien hacerlos sentir incómodos, para variar”) o confesiones misteriosas (“No me gusta que mi esposo me mire a los ojos cuando tenemos sexo. Podría descubrir mi secreto.”). ¡Incluso hay cosas positivas (“A veces pongo monedas en los parquímetros de otros”)!!

Un tema aparte es el arte de las postales. Contienen tanta imaginación que a veces las palabras que les ponen sobran.
El dueño del sitio planea publicar un libro próximamente con algunas de las mejores postales.

PD. La postal que más me ha impresionado es una que tiene una imagen borrosa de las torres del WTC, y dice: “Después del 11/sept/01, nadie sabe que en realidad estoy vivo”. Wow.