El instante en el que estamos

El viernes Mateo cumplió tres meses. Es un hito en la vida de una persona, cumplir tres enormes meses de vida. Al menos en mi mente, marca el inicio de una serie de cosas que antes no podíamos hacer con él: empezar a dibujar un intento de educación, ponerlo a convivir más con animales (en casa tenemos 4 gatos y 3 perros, así que es todo un issue), cambiarle algunos hábitos de alimentación, juego, y hasta sueño. Ya no es un recién nacido, ya es una personita que hace sentir cada vez más su presencia en la familia, y ahora ya es capaz de expresarse con mucho más éxito que antes.
El viernes que cumplió los tres meses, estuve acordándome de algunas cosas que ocurrieron en sus primeras dos semanas de vida, sobre todo el pánico que yo sentía por lograr ser un padre eficiente, por ser suficientemente bueno, por la duda de si Mateo podría quererme. Nunca sabía interpretar sus llantos y generalmente hacía lo opuesto a como reaccionaría ahora. Cada noche que lograba alimentarlo y dormirlo exitosamente, era un triunfo.
Jaja. En ese momento, esbocé una sonrisa, algo socarrona. “¡Qué inexperto e ingenuo era!”. Y de eso han pasado sólo tres meses.
Pero la displicencia desapareció cuando pensé en el padre que voy a ser dentro de seis meses, y dentro de dos años, y el de aquí a cinco años. Entonces seguramente voy a mirar hacia el pasado, hacia el instante que estamos viviendo actualmente, y también lo miraré con una sonrisa socarrona, congratulándome sobre lo mucho que habré madurado.
Me río del que fuí hace dos meses. Me río por adelantado del que soy ahora. Supongo que es bueno no tomarse a sí mismo demasiado en serio.
Gracias Mateo por provocarme todo esto.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *